hemorroides externas

 

Las hemorroides, como todos sabemos ya a estas alturas, son vasos sanguíneos dilatados, abultados y salientes que aparecen tanto dentro como alrededor del ano, en la parte inferior del recto. Se suelen describir como “varices anales y rectales”, y según donde se encuentren, pueden ser de dos tipos: hemorroides externas o hemorroides internas.

Las hemorroides externas se forman muy próximas al borde del conducto anal y están recubiertas de una capa de piel extremadamente sensible. Los llamados “trombos” son hinchazones producidas por coágulos de sangre originados en esta zona, pero son fáciles de extirpar, pues no se necesita más que anestesia local. Al tocarla, notaremos cierta inflamación, pues la hemorroide externa es en realidad como cualquier bulto, duro y sensible, sólo que en la zona anal.

Eso sí, la sensación de dolor de una hemorroide externa trombosada es muy aguda. Se suele comparar con el dolor del parto o con el de los cálculos renales, según todos los especialistas médicos consultados.

Así pues, una hemorroide externa es una hemorroide cuya raíz es la piel exterior en la cual se desarrolla el coágulo de sangre. Esta piel es ultrasensible al dolor debido a este coágulo, el cual supone todo un impedimento para que la sangre de la hemorroide fluya libremente.

Lo único bueno de todo esto (si es que podemos decir que haya algo bueno), es que las hemorroides externas son desarrolladas a partir de venas, porque si fuera a partir de arterias, los tejidos de alrededor no podrían recibir el oxígeno necesario y terminarían muriendo muy rápidamente. Pero al no ser así, cuando una hemorroide externa tiene un coágulo, las toxinas que contienen las células no se transportan de igual modo que cuando las venas funcionan correctamente, siendo absorbidas en el tejido circundante, lo que provoca una gran inflamación en la zona, aparte de producir también dolor.